Parece que empezamos el 2007 a pura pedrada y palazos. No es de extrañar, con las metidas de pata del Prefecto de Cochabamba ... casi que estaba cantado. Lo interesante del asunto, desde mi egoísta punto de vista, es que personalmente me parece que no hay otro camino. Una vez que las charlas y negociaciones no funcionan, hay que tomar las calles. Es una secuencia lógica, que la hemos visto tantas veces que me sorprende que la gente se sorprenda (la similitud, a otra escala, con lo que le pasó a Goni es tan evidente ...). Tal vez la sorpresa viene del hecho de que al final, siempre hay la esperanza de que los que están en la mesa de negociación no sean tan brutos esta vez ... pero ya ven. Caos otra vez.
Pero yo sigo apoyando el cambio. No es un odio o rencor a ciegas, no es una rabia hacia un blanco específico (el blanco, el kara, el rico o cualquier otro prototipo), es una bronca a esa "raza". A la rosca que no quiere perder sus privilegios cueste lo que cueste. Y cuanto más se la atrinchera, es más difícil romperla. Pero creo que se han dado pasos gigantescos. No hay que dejar que se recuperen los rosqueros hay que seguir con el cambio y dejar el camino libre para que los tabues y los complejos salgan a la luz y mueran como vampiros. ¿Qué sentido tiene seguir viviendo como hermanos si en realidad no nos queremos? Y ese amor, esa comunión no va a salir por decreto o porque nos hagamos a los locos, va a salir después del caos. Después de que nos hayamos sacado la mugre y cansados nos veamos a los ojos y nos demos cuenta que estábamos siendo utilizados. Por los rosqueros. Y rosqueros hay en los dos bandos, que no se malentienda. Los radicales están en ambos lados ... pero hay los nuevos y los viejos. Y hay que seguir el cambio y en el camino aislar a los nuevos rosqueros. Siempre van a aparecer de nuevo, siempre salen a la luz pública. En todas las sociedades hay radicales. Esperando como buitres una oportunidad para tomar el poder.
Lástima lo que pasa en Cochabamba. Es como si hubieran escogido el campo de batalla con mucho tino, al medio, donde se supone que existe un balance. Un balance que ahora se ve que no es tan así. Y con un prefecto como Reyes Villa ...
Mientras tanto el país sigue avanzando. Se sigue trabajando y se siguen haciendo negocios. El país no se detiene por estas convulsiones, no se va marcha atrás como quisieran los detractores del régimen. Es interesante como algunas personas con las que converso anhelan que le vaya mal al gobierno. Por puro despecho, rencor, rabia ... esa actitud me parece la peor. Cero constructiva.
Seguiremos avanzando. Con un complejo menos. Ya no podrán los rosqueros atribuirse la representación del pueblo, porque el pueblo es el que los quiere sacar. Salud!
Un espacio para discutir economía y el desarrollo de Bolivia desde una óptica diferente.
Friday, January 12, 2007
Tuesday, January 09, 2007
Después de la farra ... a ponerse a trabajar
Ya pasó un año del cambio de gobierno. Seguramente los oficialistas se están preparando para festejar y la oposición se alista para empezar su segundo año de campaña desestabilizadora. A pesar de todo eso, el país tiene mucho que festejar. No solamente se han roto los mitos y las caretas que muchos tenían (por mucho tiempo) sino que el contexto internacional ha ayudado mucho a que el cambio no sea traumático. Los precios, la demanda, la economía en general marcha bien. Podría marchar mejor (siempre podría marchar mejor), pero eso no se le puede echar en cara al gobierno. Muchos dirías "que si se hubiera invertido más ... ahora estaríamos creciendo mucho más rápido". Cierto, pero las inversiones de esa magnitud o de esa naturaleza no se hicieron cuando se tenían que hacer y eso no era el 2006. Que el 2006 se invirtió mucho menos que otros años, cierto, pero se invirtió más que el 2005 (que fue un año crítico, cierto, pero los números siguen igual).
En todo caso, ya pasó la euforia, la borrachera y el chaqui. Ahora es tiempo de mostrar que no solamente se pueden ganar elecciones (le duela al que le duela, se ganaron DOS elecciones) sino que se puede administrar un país. Eso significa apuntalar el crecimiento y reducir la brecha del ingreso entre los grupos y regiones. Para eso se necesita invertir, cierto. No hay otra forma de crear empleo y de generar riqueza. Es indiferente si la inversión es privada o pública (sino, pregúnteles a los Chinos), pero tiene que haber inversión. Si los "negocios" son bien elegidos, no importa el origen de los fondos, entonces nos irá bien y esta racha positiva se mantendrá por un tiempo más. Seamos optimistas, unos tres años más.
Apuntalar el sector financiero rompiendo el monopolio de la banca. Construir más y mejores carreteras. Exportar energía. Elevar el nivel de instrucción y calidad de la educación a todos los niveles. Esos deberían ser los principales rubros de inversión. Podríamos sacrificar un poco de inflación por lograr esos objetivos en el mediano plazo. ¿Qué está haciendo el gobierno en ese sentido? Probablemente lo mismo que estaría haciendo cualquier otro gobierno. Esperemos que la distracción política (asamblea, autonomías, prefectos, nacionalizaciones y otras vainas) no vayan a distraer a los que están encargados de la política económica.
Preocupa un poco la institucionalización del aparato público (el aparente desdeño del gobierno al servicio civil, que probablemente tiene su justificación política) y el sistema universitario. No se han hecho planteamientos sobre cambiar el sistema de pensiones, que es también preocupante. El sistema de la CNS ... hueso duro de roer por los sindicatos. Y claro, el tema tierras. Aunque en ese punto los terratenientes no tienen de donde agarrarse. Hay miles de argumentos para redistribuir ... y casi ninguno para seguir con el statuo quo.
Hay que seguir con el cambio. Es ahora o perderemos otras dos décadas tratando de remendar un modelo que no apunta a lo que la sociedad quiere. Igualdad, oportunidades y tranquilidad. Crucemos los dedos para que los caprichos de algunos no se impongan a la volundad de la mayoría.
En todo caso, ya pasó la euforia, la borrachera y el chaqui. Ahora es tiempo de mostrar que no solamente se pueden ganar elecciones (le duela al que le duela, se ganaron DOS elecciones) sino que se puede administrar un país. Eso significa apuntalar el crecimiento y reducir la brecha del ingreso entre los grupos y regiones. Para eso se necesita invertir, cierto. No hay otra forma de crear empleo y de generar riqueza. Es indiferente si la inversión es privada o pública (sino, pregúnteles a los Chinos), pero tiene que haber inversión. Si los "negocios" son bien elegidos, no importa el origen de los fondos, entonces nos irá bien y esta racha positiva se mantendrá por un tiempo más. Seamos optimistas, unos tres años más.
Apuntalar el sector financiero rompiendo el monopolio de la banca. Construir más y mejores carreteras. Exportar energía. Elevar el nivel de instrucción y calidad de la educación a todos los niveles. Esos deberían ser los principales rubros de inversión. Podríamos sacrificar un poco de inflación por lograr esos objetivos en el mediano plazo. ¿Qué está haciendo el gobierno en ese sentido? Probablemente lo mismo que estaría haciendo cualquier otro gobierno. Esperemos que la distracción política (asamblea, autonomías, prefectos, nacionalizaciones y otras vainas) no vayan a distraer a los que están encargados de la política económica.
Preocupa un poco la institucionalización del aparato público (el aparente desdeño del gobierno al servicio civil, que probablemente tiene su justificación política) y el sistema universitario. No se han hecho planteamientos sobre cambiar el sistema de pensiones, que es también preocupante. El sistema de la CNS ... hueso duro de roer por los sindicatos. Y claro, el tema tierras. Aunque en ese punto los terratenientes no tienen de donde agarrarse. Hay miles de argumentos para redistribuir ... y casi ninguno para seguir con el statuo quo.
Hay que seguir con el cambio. Es ahora o perderemos otras dos décadas tratando de remendar un modelo que no apunta a lo que la sociedad quiere. Igualdad, oportunidades y tranquilidad. Crucemos los dedos para que los caprichos de algunos no se impongan a la volundad de la mayoría.
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