



Un espacio para discutir economía y el desarrollo de Bolivia desde una óptica diferente.




El caso de la escasez se cemento fue la que motivó a analizar un poco más el tema. Por definición los monopolios extraen una renta adicional a lo que manda un equilibrio de mercado. Logran esto, debido a que pueden influenciar los precios. En el equilibrio, la competencia entre las empresas, hace que en el margen, las utilidades sean cero. En un mercado monopólico, las empresas obtienen márgenes más altos de los que obtendrían en una situación de competencia perfecta. ¿Cuál es la lógica para que en un país pequeño los monopolios sean privados y no estatales? ¿Se justifican las rentas adicionales para el inversionista privado únicamente porque la regulación (que él mismo promovió, lo más probable) lo permite? ¿Cuál es el precio “justo” para la compra de una empresa en un mercado monopólico?
Los incentivos que tiene la empresa monopólica es preservar el monopolio. Eso explica en algunos casos porqué algunos políticos son también dueños de empresas monopólicas (no solo en Bolivia). El incentivo no es “bajar los precios para competir”, debido a que el precio lo determinan las empresas. Tampoco es posible que la autoridad, sobre todo en un país pequeño y con instituciones débiles como en Bolivia, administre esas rentas adicionales.
¿No debería ser el papel del Estado intervenir para acercanos lo más posible a un precio de mercado de competencia perfecta?
Últimamente algunos medios de prensa han estado publicando artículos criticando el bajo nivel de la inversión extranjera directa (IED, o Foreign Direct Investment – FDI) en Bolivia, y al mismo tiempo resaltando el nivel de la IED en países vecinos. Los estudios de corte transversal (muchos de ellos patrocinados por el Banco Mundial, lo cual de por si ya es sospechoso. Es como si Marlboro publicara estudios de salud y fueran “la verdad”) muestran que hay una relación directa entre la IED y el crecimiento. Es decir, a mayor IED, mayor crecimiento del país. A pesar de que los modelos que se utilizan pueden llevar a dudas sobre la construcción de los mismos (no todas las variables incluidas en los modelos son significativas y en muchos casos, la relación positiva entre IED y crecimiento tiene una baja significancia), los autores siempre defienden la lógica: El capital extranjero trae conocimiento, mercados, reglas y permite al capital local (sobre todo al capital público) ser invertido en otras áreas de mayor prioridad. Sin embargo, si la significancia es débil ... ¿no deberíamos analizar la relación para el caso de Bolivia en vez de repetir (mi mamá diría “como loros”) el “vox populi”?
La comparación entre la IED de Bolivia y otros países no es la adecuada. Para hacer una comparación adecuada se debe comparar:
IED + inversión pública social + inversión pública productiva
Si se hace la comparación de esta suma para los mismos países que usa la prensa local, se verá que en realidad se está invirtiendo más que en otros páises. La comparación no es la adecuada, porque los países vecinos no han estado invirtiendo tan agresivamente con fondos públicos en empresas públicas. Los mismos estudios del Banco Mundial muestran que la correlación entre crecimiento e inversión pública (“social”) tienen una significancia más alta que la que tiene el crecimiento con el IED. Evidentemente, si la idea es hacer quedar mal al Gobierno o generar un clima de “desaliento” y “catástrofe”, se pueden manipular las cifras como a uno le convenga. No necesariamente lo que se se presenta como resultados de investigación “es la verdad”.
Si hacemos una relación entre el IED y crecimiento de Bolivia (una regresión simple, por ejemplo), vemos que para la serie de datos disponible (1985 – 2009), no existe una relación directa y positiva entre las dos variables. Evidentemente, eso se puede “corregir” a través del uso de otras variables ... ¿Pero no es eso manipular el modelo hasta que “diga lo que yo quiero que diga”?
Para complementar esta idea, se pueden analizar las ventajas y desventajas de “más” IED, especialmente para el caso de Bolivia. A través del análisis se comprueba que las ventajas no son muchas. Bolivia es un país pequeño (no puede influenciar los precios); tiene instituciones débiles (es difícil o muy costoso que la autoridad haga que el inversionista juegue limpio); el mercado es pequeño (los monopolios “naturales” se generan con mucha facilidad y rapidez); el país depende de contados recursos naturales (las posibilidades que inversionistas extranjeros ejerzan una influencia económico – política es muy grande); y finalmente, que al ser país pequeño se encuentra en desventaja cuando se trata de negociar con los países de donde proviene la IED.

El gráfico muestra los principales “beneficios” de la inversión para el país. Tanto cuando esta inversión es IED o es pública. Asumiendo que la gerencia en ambos casos es similar (la mayoría de los economistas, especialmente los de la escuela neo-liberal argumentarán que ese supuesto en realidad no existe, basados en la evidencia histórica. Pero seamos optimistas), los beneficios para ambos tipos de inversión se traducen en: i) utilidades (después de impuestos); ii) impuestos (IVA + impuestos sobre las utilidades + contribuciones a la seguridad social); y iii) empleo. En el caso de la IED (el gráfico lo muestra como áreas sombreadas), únicamente una parte del empleo se “queda” en el país, pues muchos de los técnicos y gerentes provienen de las casas matrices de las empresas que realizan IED (además que sus sueldos, prestaciones y beneficios son altos, representando una buena parte de los gastos en personal, aún cuando son pocos empleados). Se puede argumentar que a pesar de que la parte “extranjera” del empleo no se queda en el país, la transferencia de tecnología y generación de redes de contactos, son fundamentales para los negocios.
Pero los otros dos beneficios son más difíciles de defender. Si hiciéramos un análisis de “cuánto tenían que pagar y en realidad cuánto pagaron” la empresas extranjeras que invirtieron en Bolivia, el resultado sería depresivo. En términos nominales, probablemente las sumas sean importantes, pero en términos relativos, los resultados mostrarán que es más lo que no pagaron que lo que pagaron. Y los millones en pleito en los juzgados suman y siguen. En cambio, la inversión pública (sea social o productiva), paga sus impuestos y obligaciones de contribución a la seguridad social en forma religiosa. Son inumerables los ejemplos de “perdonazos”, “salvamiento de empresas” y otras artimañas que se inventaron los gobiernos de turno para favorecer a sus amigos con la excusa de “salvar empleos”. La misma excusa se utilizó para salvar empresas públicas ... pero por lo menos las utilidades se quedaban en el país.
Las utilidades es la variables que definitivamente “no se queda en país” si la inversión es del tipo IED. El retorno al capital (a la inversión), se va al país de la casa matriz del inversionista. Las utilidades de las empresas públicas se quedan en el país. Evidentemente, las pérdidas también.
Un cálculo simple, nos ilustra esa diferencia. Supongamos que existen dos empresas, una pública y otra generada a través de IED. Ambas empresas venden 100 millones de USD al año. Entonces:
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| IED | Inversión Pública |
| Ventas | 100 millones de USD | 100 millones de USD |
| IVA (13%) | 13 millones de USD | 13 millones de USD |
| Impuesto sobre utilidades (después de IVA) | 21.75 millones de USD | 21.75 millones de USD |
| Empleo (digamos un 30% de las ventas) | 30 millones de USD | 30 millones de USD |
| Lo que se queda en el país | 28 millones de USD, asumiendo que un 50% del empleo es extranjero | 64.75 millones de USD |
Es una simplificación de la realidad, evidentemente. Pero sirve para la discusión. Y para que los expertos no sigan repitiendo lo que se publica sin analizar.